


Envidia
Lórien Eurídice
Ingeniero en Sistemas Computacionales y Licenciada en Relaciones Internacionales.
Actual aprendiz de bruja, espero con ansiedad mi jubilación para ser la viejita que estudia Historia del Arte.
Soy Eurídice, en esta corte represento a la envidia, gran observadora de la paja en el ojo ajeno, utilizo la viga en el propio para sostener la máscara con la cual oculto mi deseo profundo de tener o ser aquello que con tanta vehemencia critico.
Me gradué de ingeniería a la tierna edad de 20 años y pasé los siguientes 10 experimentando una adolescencia tardía, misma que me salté en el periodo biológico correspondiente porque estaba muy ocupada pero sobre todo, aterrada, tratando de pasar los exámenes de cálculo integral y diferencial. Una vez que me convencí de que no moriría de hambre porque no era tan tonta como pensaba me di permiso de explorar otros placeres y latitudes. Comprometida con conocer el mundo casi tanto como lo estoy con conocerme a mi misma, no dudo en dar fe y testimonio de cómo la terapia hizo por mi lo que la penicilina por el mundo: me sanó y mejoró para siempre. Conservo, sin embargo, algunos grados de miopía personal que siguen haciendo interesantes los viajes.
Mi familia pensaba que sería monja porque siendo pequeña, no dejaba iglesia sin visitar en los paseos, lo que nunca supieron es que era más bien por una atracción morbosa al arte sacro, tan lleno de horror y belleza. Fui atea profesional y comprometida por un par de años pero la existencia se me hizo insoportable así que decidí abrazar las incoherencias de la fe y regresar al camino de la creencia en lo divino, aunque bajo mis propios términos.
Hoy día encuentro gozo y contención en el paganismo y estoy iniciada como Sacerdotisa de Diana en la tradición de la Stregheria bajo el linaje de Raven Grimassi y curso también formaciones en las tradiciones Nórdica y Avaloniana.
Me encanta leer y cantar, a veces escribo. Tengo un gusto peculiar por conocer lo prohibido y sus razones. De tendencias eclécticas, puedo asistir lo mismo a un concierto de Bronco que de Sting y disfrutar amplia y genuinamente de ambos. No entiendo aquello de los “placeres culposos” porque a mi ninguno de mis placeres me genera culpa. Neurótica altamente funcional y estudiante perenne llevo en mi corazón el mejor halago recibido de parte de mi terapeuta más querido, quien alguna vez me dijo que soy como el chocolate amargo: oscura y para paladares conocedores y esta opinión me sirve lo mismo como estandarte para en este foro atreverme a mirar y cuestionar a los otros y como consuelo, para explicar la amargura y falta de apreciación por aquello que sí tengo.
Respondo al llamado de Lucifer sin fascinación o encanto, arguyendo que mis felinos son más bonitos y están mejor educados, pero estaría muy enojada y triste si alguna vez me excluye o ignora. Mientras eso no suceda, me muevo con delicada elegancia entre el comentario mordaz y el resentimiento profundo.
Lucifer lo llama envidia. Yo prefiero llamarlo criterio.

