


Menos diplomas enmarcados, más preguntas incómodas
Aquí venimos a hablar de lo que el «échale ganas» deja intacto: el deseo, la culpa, las fantasías y esas preguntas que arruinan una cena familiar.
Somos un equipo con diversos grados académicos que entiende que un título es apenas una de las tantas facetas que nos componen.
El diploma va en la pared; no tiene por qué convertirse en jaula. También sentimos, deseamos y la cagamos.
Desde el psicoanálisis disidente y el pensamiento crítico, exploramos la mente y la cultura. Al psicoanálisis lo interrogamos, con la psicología discutimos y a la fe le hacemos preguntas.
Aquí ninguna teoría se salva por traer bibliografía ni ninguna creencia por traer incienso.
Pensar no es un delito; joder tampoco es una virtud
Queremos explorar contigo lo que piensas, sientes y deseas, sin organizarte un juicio. Los prejuicios también pasan al diván, empezando por los nuestros.
Puedes examinar una idea sin casarte con ella y reconocer un deseo sin obedecerlo. Eso sí: «soy libre» no es un cupón para jod$% al prójimo.
Tu sombra también vino, aunque no la invitaste
Retomamos de Jung la sombra: aquello de ti que no reconoces o te cuesta aceptar. Ahí cabe la envidia, pero también la ternura, la creatividad y el "no" que te tragaste para que no te mandaran al carajo.
Tu versión presentable sonríe para la foto. La otra lleva años pateando la puerta. ¡Vamos a escucharla!
No somos un pinche tribunal moral
No expedimos certificados de buena persona.
Ya escuchaste suficientes veces "eso no se piensa", "eso no se dice" y "¿qué chingados van a decir de ti?". Aquí puedes empezar por preguntarte qué piensas tú.
¿Por qué Lucifer?
Para el dogma, la moralina y el pánico inquisidor, el nombre evoca un espantajo satánico.
Para quien se molesta en leer e investigar, Lux Ferre no es un demonio: es, literalmente, el portador de luz.
Lucifer representa la valentía de interrogar la norma, la curiosidad que incomoda y la luz del conocimiento que ilumina lo que la culpa prefiere mantener en la sombra.
Aquí no le rendimos culto a fantasmas; le prendemos fuego al altar de las certezas absolutas. Este diván invita a preguntarte si tus deseos son realmente demonios... o si alguien les puso cuernos para que aprendieras a tenerte miedo.
La Corte de Lucifer
Aquí los pecados tienen voz. El tribunal moral puede esperar afuera.
Convocamos a los siete pecados capitales a sentarse en el diván. No para juzgarlos ni santificarlos, sino para escuchar eso que preferimos ocultar mientras nos acomodamos la aureola.
Cada pecado le da voz y pluma a este espacio. Traemos perspectivas disidentes, cuestionamientos sin anestesia y nuestras propias contradicciones.
En esta corte nadie viste de blanco.
Haz clic en cada pecado para conocer a sus voceros. La aureola la puedes dejar en recepción.
















