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Fondo de soberbia

Soberbia 

Abgar
Marketero, Psicólogo & Psicoterapeuta Psicoanalista

"dizque psicoanalista", según los ortodoxos y el tribunal moral. Las credenciales las tengo; su bendición sigue sin hacerme falta.

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Soy Abgar. Represento a la Soberbia en esta corte.

Podría decir que me eligieron por mis cualidades, pero fingir modestia sería empezar mintiendo. Pasé 22 años de godín en marketing, aprendiendo a vender deseos. Después estudié psicología y posgrados en psicoanálisis para interrogar los míos. También intenté transitar mis demonios: algunos me ayudaron con la tesis; otros todavía exigen aparecer como coautores.

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Me apasionan la docencia y la formación de psicoterapeutas que aprendan a escuchar, pensar y preguntar. Repetir a Freud no convierte a nadie en Freud; a veces solo produce a alguien que interrumpe con bibliografía. Yo prefiero formar interlocutores; para tener un coro que me dé la razón ya está mi narcisismo.

Zurdo de nacimiento, encuentro afinidad con el sendero de la mano izquierda y el pensamiento divergente. Nunca me convenció seguir el "camino correcto" solo porque alguien puso un letrero. Llevar una vida "derechita" tampoco fue mi proyecto: ni de pensamiento ni de amores.

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Soy preguntón, disruptivo e incómodo para algunos. Puedo discutir durante horas con una autoridad académica, especialmente cuando confunde tener un cargo con tener razón. Admito que a mí también me cuesta soltar una certeza: tengo la mala costumbre de encariñarme con las que llevan mi firma.

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Algunos me quieren; otros han dedicado valioso tiempo a organizarme hogueras. Después de más de dos décadas en marketing, aprendí la regla de oro: la única mala publicidad es la que no existe. Así que si van a quemarme en público, exijo que al menos escriban bien mi nombre en el cartel. Prefiero mil veces que susurren: «Ahí va ese hijo de la chingada», a la tragedia imperdonable de pasar desapercibido. ¿Narcisista? Sí, sí... y de un sazón exquisito.

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En esta corte también me toca escuchar lo que preferiría discutir. Representar a la Soberbia no me concede inmunidad; me deja el defecto a la vista. Bastante incómodo para alguien que cuida tanto su presentación.

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Y si, el precioso peludo de Lucifer es el amor de mi vida!!!

Soberbia
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