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Fondo de lucifer

Lucifer

Harry Malfoy de Asis
Portador de luz, anfitrión de herejes y chivo expiatorio con expediente celestial.

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Soy Lucifer. Antes de protagonizar sus pesadillas religiosas, mi nombre significaba «portador de luz» y nombraba al lucero de la mañana. Los incultos y los borregos del dogma me confunden con Satán... por favor, tómense la molestia de investigar un poco la mitología mesopotámica antes de venir a persignarse.

Después llegaron las malas interpretaciones, las condenas eclesiásticas y un departamento de relaciones públicas que llevaba siglos sin escuchar mi versión. De anunciar el amanecer a cargar con las culpas del mundo: qué carrera tan jodida.

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Me han llamado tentador y responsable de cuanto deseo les avergüenza reconocer. He sido un chivo expiatorio bastante rentable: siempre resulta más cómodo inventarse un demonio afuera que hacerse cargo de las decisiones adentro.

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Luego vino el Sr. Milton en El paraíso perdido (está chido el libro), y le dio al ángel rebelde una voz tan potente que convirtió al villano en una figura de resistencia, orgullo y contradicción. Por fin una discusión interesante: ya no bastaba con señalar los cuernos para dar el asunto por resuelto.

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En este diván no vengo a dar cátedra teológica. Tengo cuatro patas, bigotes, un apetito considerable por el salmón y muy poca paciencia para quien confunde pensar con repetir bibliografía.

Mi luz sirve para alumbrar rincones: el deseo que escondes, la culpa que heredaste o la certeza que defiendes con demasiada furia. A veces ilumina algo hermoso; otras, una pinche contradicción que llevaba años viviendo gratis.

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Por eso presido esta corte. He invitado a los siete pecados a tomar la palabra. Bastante tiempo llevaron funcionando como etiquetas para condenar a otros; aquí les toca mostrar qué desean y qué temen.

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Me gustan los herejes. Del latín haereticus, y antes del griego haíresis: la capacidad de elegir, dudar y pensar por cuenta propia. En esta casa recuperamos esa disposición a no tragar entero (aunque llevarle la contraria a todo tampoco te vuelve libre: a veces solo te convierte en un obediente al revés).

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No te pido que creas en mí; bastante tengo con lograr que mis humanos me sirvan la comida a tiempo. Solo te pido que escuches.

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Presido la corte, pero no dicto tu sentencia. Dejas el certificado de pureza en la entrada... si viene impreso, nos sirve para el arenero.

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Aquí no exorcizamos tus demonios: los invitamos a hablar.

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