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Fondo de pereza

Pereza

Morrigan
Antropóloga Social y Psicoterapeuta Psicoanalista.

Sospechosa habitual de pensar en plural. Si el mundo tiene tanta prisa, que se adelante: tengo algunas preguntas.

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Soy Morrigan. En esta corte, la Pereza me presta una pausa para mirar lo que la urgencia suele llevarse por delante.

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Empecé en la antropología social porque quería entender qué hacen los humanos cuando están juntos: sus ritos, sus mitos, sus reglas no escritas y las acrobacias con que las defienden. Después llegué al psicoanálisis y me llevé esa mirada al consultorio. A veces me pregunto quién más está en la sala aunque solo haya dos sillas. La familia, la cultura y las exigencias de la época tienen la costumbre de entrar sin pedir el encuentro.

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Desconfío de las explicaciones que convierten todo malestar en una falla individual. Hay quien necesita vínculos, comunidad y condiciones menos hostiles, pero recibe otro encargo: trabajar en sí mismo. Hasta el sufrimiento termina con una lista de pendientes. Qué considerados: ya puedes sentirte mal por no estar mejorando lo suficientemente rápido.

Me interesa preguntar a qué nos estamos adaptando y cuánto nos cuesta. Descansar puede abrir espacio para reconocerlo. Aunque tampoco voy a hacerme la santa de la siesta: a veces pensar un poco más es mi manera elegante de posponer una decisión. La reflexión también sabe fabricar escondites.

 

De izquierda por naturaleza y educación, pienso que lo personal es político y que lo político también se sueña, se reprime y se cuela en nuestros vínculos. Escucho lo que la cultura proclama y lo que murmura cuando cree que nadie está prestando atención.

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Llevo un nombre de resonancias guerreras, pero no pienso entrar en combate cada vez que alguien toca una campana. Mi guerra es de ideas. Prefiero una pregunta que interrumpa la obediencia a otro discurso que nos pida aguantar con mejor actitud.

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En el Diván vengo a preguntar quién falta, quién sostiene a quién y por qué descansar exige tantas explicaciones. Si esperabas una receta para rendir más, tendrás que esperar sentado.

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Lucifer supervisa mi trabajo entre siestas. A él nadie le exige justificar el descanso.

Llevo tiempo estudiando cómo consiguió esas condiciones laborales.

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