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Gula

Lilith
Psicóloga, Psicoterapeuta Sistémica & Abogada

La primera mujer del mito, la rebelde que no se sometió, la figura mística, erótica, nocturna y sumamente intelectual. Psicóloga sistémica, la que rompe la homeostasis familiar y desafía al síntoma. Esa que desestabiliza el sistema para que pueda sanar. No soy rebelde por capricho; soy la fuerza que fractura las reglas rígidas de la familia tradicional a través del deseo y la verdad. En esta corte de Lucifer, mi banquete es la existencia misma. Una invitación abierta a pecar conmigo.

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Con una sed inmensa de amar y de desafiar a tus demonios, un hambre insaciable de saber, de piel y de inconsciente. No consumo por desesperación; saboreo la vida con una sophistication perversa y una valentía implacable que te incita a abrir la boca y morder el fruto prohibido. A mí la vida no me alimentó con cucharadas de moralina; me la bebí a borbotones desde los 16 años cuando fui madre soltera, desafié el guion de mi propio árbol genealógico y decidí parir mis propias reglas para saciar mis propios apetitos.

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Cada una de mis credenciales es solo un cubierto fino para este festín intelectual. Enseño desde la adolescencia porque el conocimiento es un orgasmo mental que se disfruta más si se comparte. Me convertí en Abogada para dominar la Ley y entender los contratos invisibles que aprisionan el deseo.

 

Recorrí el mundo durante dos décadas descifrando qué es lo que nos hace humanos, y cuando el mundo se paralizó en pandemia por miedo a la muerte, mi sed exigió el rigor científico del alma: me convertí en Psicóloga y hoy disfruto los últimos sorbos de mi Maestría en Psicoterapia Familiar Sistémica. No me conformo; ya tengo el doctorado entre ceja y ceja porque soy adicta a desnudarte la mente.

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Conmigo no vas a encontrar un apapacho complaciente que maquille tu neurosis. Construyo un santuario tan detallista, amoroso y sugerente que terminarás por entregarme tus secretos más oscuros sin resistencia, ansioso por ser escuchado. Te recibo con el alma abierta para luego, con una agudeza implacable, ponerte frente a tu propio espejo.

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Confronto sin anestesia moral y con una rigurosa perspectiva de género, porque el poder y las trampas familiares se diseccionan desnudas, desarmando las mentiras que te sirven de alimento.

Fuera del consultorio, soy una hedonista sin remedio y una amiga de una lealtad feroz. Me enamoro de la vida con una facilidad ridícula porque la sensualidad y la sexualidad son mis brújulas sagradas.

Disfruto por igual saborear la paz en pequeños sorbos de tranquilidad, que devorarme la noche en una copa de buen vino, en charlas infinitas que arreglan el mundo, bailando hasta perder el aliento en un concierto o gritando un gol en el estadio. De carácter fuerte y estridente, una defensora de las causas justas; no le tengo miedo a la oscuridad de nadie porque yo tengo un doctorado honoris causa en resolver el caos.

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Al Diván de Lucifer no se entra a mirar la paja en el ojo ajeno; se entra a confesar el hambre. Te reto a mirar tu plato: ¿A quién te estás comiendo hoy para no comerte a ti mismo? ¿De qué secretos familiares te estás nutriendo a escondidas? ¿Qué fantasías te da pavor admitir en voz alta?

 

Me fascina adentrarme en tus traumas y tus silencios, no para destruirte, sino para procesar tu dolor, digerirlo contigo y devolvértelo transformado en vida y movimiento.

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Ante Lucifer no me escondo. Me acerco con la misma voracidad mística con la que vivo. Él cree que gobierna el infierno, pero sabe perfectamente que soy la gata que se atreve a morder la manzana... y que siempre se queda con ganas de más. Pasa, si es que te da el estómago.

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¿Gula? Te invito a saborear la alta cocina de tus antojos. Mi pecado no se cuenta, se saborea. Algunos le llaman un apetito insaciable; yo prefiero llamarlo amor absoluto por la vida.

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